jueves 4 de diciembre de 2008

NOTA DE PRENSA 1

La dislexia afecta a un importante número de escolares. Aproximadamente el 4% de la población sufre esta dificultad específica para aprender el lenguaje escrito. Se manifiesta desde los primeros cursos de escolarización y, en ocasiones, la padecen varios miembros de la familia, generación tras generación. La evidencia de que tiene unas bases biológicas está cada vez más consolidada y admitida en la comunidad científica.

El niño disléxico es el “eterno aprendiz” que nunca alcanza de forma fácil el dominio del código escrito que sus compañeros consiguen en dos o tres años de educación primaria. La característica que está presente en todos estos niños es la dificultad para automatizar el código escrito: esa habilidad que nos permite a la mayoría de nosotros reconocer rápidamente las palabras habituales en un solo golpe de vista o que nos permite alcanzar niveles notables de velocidad y precisión al leer cualquier texto, incluso si su significado no es del todo accesible a nuestros conocimientos.

Otros niveles de procesamiento de la información pueden estar afectados, pero las manifestaciones nucleares de este problema afectan a la velocidad y precisión al leer, a la escritura y la ortografía, y también a la comprensión de lo que se lee.Aunque la dislexia sea un problema “de causa específica” -independiente hasta cierto punto de la inteligencia, de alteraciones sensoriales o de la personalidad- sus consecuencias no son específicas.

El niño disléxico no aprende a leer y escribir tal como se espera de sus condiciones personales y ambientales pero, como consecuencia de ello, no aprende los contenidos de las materias escolares. A partir del tercer curso de educación primaria el lenguaje escrito no es el objeto de aprendizaje sino la herramienta principal para aprender. Los esfuerzos reiterados y mantenidos de un niño disléxico pueden estrellarse ante la evidencia de no alcanzar los niveles mínimos esperados. La desmoralización que conlleva, matizada por la personalidad y las circunstancias ambientales, suelen provocar el rechazo a lo escolar, la frustración, la apatía o la agresividad.

La respuesta social al problema debe implicar tres agentes: los especialistas que afrontan el problema específico de aprendizaje, los psicopedagogos -que deben conseguir que el medio escolar comprenda el problema y trate de proporcionar un apoyo técnico y social- y las familias -que pueden contribuir a impedir el retraso en los conocimientos y proporcionar un apoyo emocional imprescindible.

La Clínica Universitaria de la Universidad Católica de Valencia comienza este mes de diciembre una iniciativa de apoyo a estos niños a través de sus profesores. Se trata de unas reuniones para proporcionarles información y apoyo técnico para afrontar el problema.

La función de los profesores es fundamental en los aspectos educativos del problema.

Para participar de forma libre y gratuita en estas reuniones es necesario ponerse en contacto con José Fco. Cervera o con Carmen Rico, de Logopedia de la Clínica Universitaria de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir en las direcciones de correo electrónico: josefran.cervera@ucv.es o carmen.rico@ucv.es .